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O sentimento de inveja

Apóstolo Sinomar Silveira
Uno de los proverbios más conocidos es éste: “En árboles sin frutos no se tiran piedras”. La envidia, como los vientos, azotan las cumbres más altas. Ella es un certificado de inferioridad al servicio de la superioridad del envidiado. La envidia es el arte de contar los beneficios que los demás reciben, en vez de contar los nuestros. Una persona envidiosa provoca más desgracias de que una persona miserable; siempre refleja el complejo de inferioridad de quien la alberga. Así como la traza ríe las ropas, así también la envidia aniquila al ser humano.

La envidia no está exenta de una especie de codicia, y muchas veces esas dos pasiones se mezclan.

La envidia puede ser fruto de una educación defectuosa; pero no cabe duda de que este sentimiento es esencialmente humano, teniendo como base el instinto de propiedad y el deseo de posesión de aquello que no es nuestro. Salomón, el hombre más sabio del mundo, declara lo siguiente: “El rencor es cruel, la furia es destructora, pero ¿quién puede soportar la envidia? (Pv 26:4).
É extremamente difícil conviver com uma pessoa invejosa; é quase impossível. “A inveja apodrece os ossos” (Pv 14:30). Assim como a ferrugem consome o ferro, a inveja consome o invejoso. Trata-se de uma paixão maligna, vil e desprezível. É por isso que Tiago, irmão do Senhor, declara em sua epístola: “Contudo, se vocês abrigam no coração INVEJA AMARGURADA e ambição egoísta, não se gloriem disso, nem neguem a verdade.
Mas você pode fazer a vida valer à pena. Depender de Deus é a melhor decisão – nessa dependência você terá forças para lutar por seus filhos ou pelo próprio casamento; terá forças para suportar uma crise ou um momento difícil.
En el futuro, cuando llegue a la vejez, podrá mirar el buen resultado y no recordará los momentos pesados que pasó y podrá decir: “No sé muy bien cómo llegué aquí, pero soy ganadora”.
Donde hay INVEJA y ambición, ahí hay confusión y toda especie de males” (Tg 3:14-16). La envidia no está exenta de una especie de codicia, y muchas veces esas dos pasiones se mezclan. Otra cosa: La envidia es una puerta abierta a la amargura, por lo que el envidioso es tirano y verdugo; sufre porque los demás son venturosos. Es imposible ser feliz y envidioso al mismo tiempo.
El Apóstol Pablo menciona a un grupo de personas que, aun siendo religiosos “se volvieron llenos de toda suerte de injusticias, maldad, codicia y depravación. Están siempre llenos de INVEJA, homicidio, rivalidades, engaño y malicia” (Rm 1:29) – FUJA DELES!
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